EL PAIS 🔵 Diálogo, mano dura y vejaciones: 10 entrenadores deportivos de película – Shango Media
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EL PAIS 🔵 Diálogo, mano dura y vejaciones: 10 entrenadores deportivos de película

Corren días proclives para los discursos sobre los entrenadores. Acerca de sus valores y sus carencias, sus triunfos y sus fracasos, sus métodos y sus libertades. Con el final de las ligas, a un paso de la Eurocopa de fútbol y en un verano con Juegos Olímpicos, las salas de cine se han unido a la visión más cotidiana con una ficción en la que, de todos modos, no es difícil ver cierta inspiración en hechos y personajes reales: Caída libre, película española dirigida por Laura Jou y coproducida por Juan Antonio Bayona, ambientada en la gimnasia rítmica, un deporte que precisamente acaba de celebrar su Campeonato de Europa. Su personaje protagonista, interpretado por Belén Rueda, es el paradigma de los excesos en el entrenamiento de élite de ciertos deportes.

las tensiones entre Israel e Irán. Por todo ello nos hemos propuesto confeccionar una lista con sus más relevantes figuras, casi a modo de seleccionadores de cine deportivo, intentando abarcar tanto las más variadas formas de tratamiento hacia los pupilos como las más diversas disciplinas. 10 entrenadores de película.

-Fútbol. The Damned United (2009), de Tom Hooper

Los fatales 44 días de Brian Clough como técnico del Leeds United. Año 1974. Clough, elegante, culto y soberbio, sustituye a Don Revie, uno de esos entrenadores raciales de juego feo pero efectivo, que acaba de fichar por la federación para entrenar a la selección de Inglaterra. Su especial personalidad le lleva a enfrentarse a los jugadores, acostumbrados al carácter y a la filosofía de su anterior preparador, casi un padre para ellos. Planteada como una obra shakespeariana, con un nuevo rey, unos súbditos fieles al antiguo monarca y diversas conspiraciones, The Dammed United, rodada por Hooper con múltiples grandes angulares para captar el amplio grupo de seres humanos en los pequeños vestuarios, huele a hierba y a barro, a linimento y a bronca. Basada en el libro homónimo de David Peace, uno de los más prestigiosos de la historia de la literatura deportiva, la película tiene como guionista a Peter Morgan, el posterior creador de The Crown. Fútbol shakespeariano.

-Atletismo. Gallipoli (1981), de Peter Weir

“¿Qué son tus piernas?”. “Muelles, muelles de acero”. “¿Qué es lo que van a hacer?”. “Lanzarme a la pista”. “¿A qué velocidad puedes correr?”. “A la de un leopardo”. “¿Y a qué velocidad vas a correr?”. “A la de un leopardo”. Este motivador diálogo entre el veterano entrenador y el joven deportista, compuesto desde el convencimiento de la sencillez, el arrojo y la esperanza, podía haber servido al atleta australiano que interpreta Mark Lee para ganar una medalla en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1916. Pero la Primera Guerra Mundial se echó encima de sus vidas, la competición se canceló, y el discurso del preparador, al que pone rostro Bill Kerr, acabó sirviendo como impulso para correr entre las trincheras e intentar esquivar las balas del ejército otomano en la sangrienta batalla de Gallipoli. Bajo los acordes del Adagio de Albinoni, cabeza hacia atrás, pecho hacia delante, respiración profunda, se inmortaliza la foto finish de la vida. Weir, maestro de la narración.

-Ajedrez. En busca de Bobby Fischer (1993), de Steven Zaillian

El ajedrez, un deporte, una ciencia, un arte. Una actividad mental en la que un niño de siete años puede ser un portento, a pesar de que se deja ganar por su padre para no sumirle en la vergüenza. Es tan bueno que recuerda al mítico Bobby Fischer por su audacia en los movimientos. Su descreído maestro, un tipo sombrío que se califica a sí mismo como un “impostor competente” en eso de intentar ser un artista del tablero, lo tiene claro: “No es suficiente con estar dotado”. Es necesario trabajar, acabar con las partidas rápidas y terminar con la costumbre del crío de jugar con los adultos “perdedores” en los jardines de Washington Square. Ésas son sus teorías. Pero el chaval tiene otro asesor, uno de los “mediocres” del parque, que confía sobre todo en “la actitud”. Entre esos dos mentores (Ben Kingsley y Lawrence Fishburne), el niño avanza hasta completar una gran obra. Como la de Zaillian en su película de debut, un prodigio sobre la educación, la decencia y el extravío.

-Baloncesto. Hoosiers: más que ídolos (1986), de David Anspaugh

En Indiana el baloncesto es una religión. Y aún lo era más en los años 50 del siglo XX, cuando está ambientada esta película que fusiona la educación deportiva con la escolar (que no siempre tienen los mismos ingredientes), el orgullo de sentirse de un lugar especial, y el entrenamiento de mano dura pero coherente con un ideario, lo que lleva al personaje de Gene Hackman a jugar con cuatro en el final de un partido solo para dar una lección a su discípulo más díscolo. Este entrenador de instituto de pueblo tiene enfrente a los temibles sabios de la grada y a los padres de los jugadores, reaccionarios en todos los sentidos; debe lidiar con la tontería de ciertos adolescentes, e incluso con los educadores que piensan que nadie puede ser considerado un dios por saber meter un balón por un aro. “He conocido a muchos que se pasan el resto de sus vidas hablando de sus días de gloria deportiva cuando tenían 17 años”, le dice una profesora, temerosa de que el baloncesto acabe con las posibilidades escolares del mejor tirador del equipo. Salir vivo de tal panorama sí que es cuestión de dioses.

-Hockey sobre hielo. El milagro (2004), de Gavin O’Connor.

Antes de que los profesionales pudieran ser seleccionados en la modalidad de hockey sobre hielo para los Juegos Olímpicos de invierno, Estados Unidos acudía siempre con jugadores universitarios. Y nada tenían que hacer ante el imponente equipo de la Unión Soviética, que incluso había ganado pocos meses antes 6-0 a una selección de profesionales de la NHL. Sin embargo, Herb Brooks, el entrenador que protagoniza esta emocionante película basada en hechos reales, logró lo imposible en los juegos de Lake Placid, en Nueva York, en 1980. Brooks, al que interpreta Kurt Russell, cogió un equipo sin fuerza física y a base de durísimos entrenamientos lo convirtió en una roca. El día de la ansiada final, mucho más que un partido de hockey en tiempos de Guerra Fría y durante la invasión de la URSS de Afganistán, dijo a sus chicos en el vestuario: “Los grandes momentos nacen de las grandes oportunidades. De diez partidos nos ganarían nueve, pero no va a ser el partido de esta noche”.

-Fútbol americano. Un domingo cualquiera (1999), de Oliver Stone

Su secuencia inicial está filmada como si fuera una batalla. La utilización del sonido parece la de Salvar al soldado Ryan. Y la entrada de un jugador habitualmente suplente en un momento crítico expresa los nervios ante la contienda, como si le fuera la vida en ello, como si estuviese en Vietnam o en el desembarco de Normandía y las arcadas y el vómito del miedo quisieran escaparse de su cuerpo. Pero así es a veces el deporte, y de este modo nos lo muestra Stone en una ambiciosa película que abarca en su relato todos los estamentos de un gran club (el ficticio Miami Sharks) de uno de los grandes deportes americanos, protagonizada por una veintena de personajes entre jugadores, familiares, médicos, periodistas y dirigentes (la presidenta es Cameron Díaz). El entrenador, con la rabia y la voz rota de Al Pacino, tiene un discurso ensordecedor: “O nos curamos como equipo, o moriremos como individuos”.

-Gimnasia rítmica. Over The Limit (2017), de Marta Prus

Margarita Mamún, figura de la gimnasia rítmica en Rusia entre 2011 y 2016, de 20 años de edad, acaba de quedar segunda en un gran campeonato detrás de su compañera de equipo Yana Kudryavtseva, e Irina Víner, exgimnasta, entrenadora y presidenta de la federación rusa de gimnasia, de 67 años, maquillada como una puerta, gafas de sol y sombrero, pinta de bruja de película de Walt Disney, le dice: “Vete a la mierda. No parabas de temblar. Lo has hecho de pena. De puta pena. Excepto en una prueba, has temblado como una hoja. Te han dado esa puntuación por tener los ojos bonitos”. Más tarde, le espeta frases así: “Estás perdiendo el ritmo, nunca me haces caso, siempre tan buenecita, tan cándida y tan dulce. Me cago en ti y en tu candidez, estúpida perdedora”. No es ficción, es real. La directora polaca Marta Prus las filmó durante meses en el documental Over The Limit, sobre los métodos de entrenamiento y el trato vejatorio a las gimnastas rusas. Mamún, pocas semanas después, fue campeona olímpica en Río.

-Béisbol. Moneyball (2011), de Bennett Miller

El personaje de Philip Seymour Hoffman es el prototipo de entrenador ninguneado por los nuevos tiempos en el deporte de equipo, los del gobierno de las estadísticas y la tiranía del director deportivo, además de por los dirigentes que no tienen plena confianza en su valía: contratos de un año, prorrogables. Entre el genio de las matemáticas, ese joven gordito con pinta de esquinado al que han fichado para que sea el consejero principal gracias a su maestría con los porcentajes, y el poderoso director deportivo que hace y deshace con los fichajes y los despidos, a él solo le queda una posibilidad: elegir a los miembros del equipo en el campo de juego y moverlos a su gusto. Pero ni eso le dejan hacer ya: “No puedes poner a Peña en primera; pondrás a Hatteberg”, le dice el jefe Brad Pitt. “No quiero más peleas. La alineación es cosa mía y punto”, contesta, con personalidad. “Solo digo que no puedes poner a Peña”. Mirada retadora: “Pues lo voy a poner”. Sin embargo, hay una última contrarréplica: “Pues lo dudo, lo acabo de traspasar y ahora juega para Detroit”.

-Kárate. Karate Kid (1984), de John G. Avildsen

En los entrenamientos de equipos profesionales hace tiempo que se pusieron de moda los jueguecitos que, en principio, poco tienen que ver con la táctica, el esfuerzo y la preparación física. Pero ninguno como aquel “dar cera, pulir cera” de Karate Kid. El señor Miyagi, sabio impasible, asigna a su pupilo las inclasificables tareas de lijar suelos y pintar vallas, a un ritmo constante y metódico, y a todos se nos quedó cara de pasmo. Pero el chaval interpretado por Ralph Macchio, que se perdió por el camino para el estrellato en el cine, acababa haciendo la famosa patada de la grulla gracias a las enseñanzas de su mentor. Avildsen, que ya tenía experiencia en el cine deportivo de combate al haber dirigido Rocky ocho años antes, bajó el listón de corte social de la película de boxeo escrita y protagonizada por Sylvester Stallone, y aplicó toda la efervescencia comercial adolescente de la década de los ochenta. Un clásico juvenil.

-Fútbol. El hombre de más (2001), de Paolo Sorrentino

La obra de debut de Sorrentino, futbolero napolitano admirador de Maradona, fue esta oda a la aflicción a partir de dos figuras paradigmáticas de la idiosincrasia italiana: un cantante un tanto hortera de amplio triunfo popular, y un futbolista reconvertido en entrenador (sin equipo) tras una grave lesión, ambos llamados Antonio Pisapia. El desmesurado empeño del exfutbolista por convertirse en preparador del primer equipo de su ciudad le lleva a un enfrentamiento con el presidente, que, básicamente, lo acusa de ser “un tipo triste”, y que siendo así no se puede triunfar como entrenador de fútbol. El personaje está inspirado en Agostino Di Bartolomei, líbero de la Roma, sobre todo por su carácter introvertido y melancólico, y por su triste final. Y el esquema de cuatro puntas en rombo, adelantando a la defensa 15 metros, viene sugerido por Enzo Glerean, técnico del Cittadella de Padova, de la serie B italiana de los años noventa.

Disponibilidad en plataformas: Filmin (Hoosiers y Over The Limit), Disney+ (El milagro), Movistar (Moneyball y Karate Kid), y Amazon (Over The Limit).

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